Ensayo 02
Ungoliant y el mal
En esta nueva aventura que estamos comenzando, vamos a tratar de entender juntos el concepto del mal, así como lo entiende la tradición cristiana, a través de un personaje ficticio de El Silmarillion de Tolkien, Ungoliant. Por medio de él podemos ver el mal desde diferentes ángulos. Nosotros, en este ensayo, nos vamos a focalizar en dos de ellos: el mal ético y el mal ontológico. Vamos a partir del mal desde un punto de vista ético, entendiendo la ética como la entendía Aristóteles: la ciencia que responde a la pregunta ¿Qué vida debo llevar, cómo debo obrar para ser feliz?
La primera pregunta que surge naturalmente es: ¿Quién es Ungoliant? Ungoliant es una araña oscura gigante cómplice de Melkor1 en la destrucción del reino de Valinor, región donde habitan los Valar2. Tolkien la describe así en una parte:
Vivía en una hondonada y había tomado la forma de una araña monstruosa, tejiendo sus negras telas en una hendidura de las montañas. Allí absorbía toda la luz y la devolvía como una red oscura de asfixiante lobreguez, hasta que ya no le llegaba ninguna luz; y estaba hambrienta
In a ravine she lived, and took shape as a spider of monstrous form, weaving her black webs in a cleft of the mountains. There she sucked up all light that she could find, and spun it forth again in dark nets of strangling gloom, until no light more could come to her abode, and she was famished

A lo largo de todo el relato hay una constante en esta bestia, y esa constante es que siempre quiere más, nunca está completamente saciada; al contrario, a medida que va devorando todo a su paso, cada vez está más grande, más vacía y más hambrienta. Luego de haber succionado toda la savia de los árboles luminosos de Valinor, Tolkien nos dice:
...y ella aún tenía sed...
...and still she thirsted...
Tolkien, a través de este monstruo, expresa literariamente lo que Platón en su diálogo, Gorgias, nos dice en boca de Sócrates, cuando este dialoga sobre la vida feliz con Calicles. Calicles defendía que la vida ética, la vida feliz consistía en la de aquel que tenía el poder para satisfacer todas sus pasiones irrefrenadamente y efectivamente lo hacía. Así le dice Calicles a Sócrates en el diálogo:
Pero, Sócrates, esta verdad que tú dices buscar es así: la molicie, la intemperancia y el libertinaje, cuando se les alimenta, constituyen la virtud y la felicidad; todas esas otras fantasías y convenciones de los hombres contrarias a la naturaleza son necedades y cosas sin valor.
Sócrates, que defendía que la vida feliz era la de aquel que se dominaba a sí mismo, obraba la justicia y satisfacía sus pasiones moderadamente y ordenadas por la razón, le responde:
…Examina, pues […] si los géneros de vida, el del moderado y el del disoluto, no sería tal como si hubiera dos hombres que tuviese cada uno de ellos muchos toneles, y los del primero estuviesen sanos y cabales, el uno lleno de vino, el otro de miel, el otro de leche y otros muchos de otros varios líquidos, y que estos líquidos anduvieran escasos y sólo se pudiesen conseguir con muchas y arduas diligencias; este hombre, después de llenar los toneles, ni echaría ya más líquido en ellos, ni volvería a preocuparse, sino que quedaría tranquilo con respecto a ellos. Para el otro sujeto, sería posible adquirir los líquidos como para el primero, aunque también con dificultad; pero teniendo sus recipientes agujereados y podridos, se vería obligado a estar llenando constantemente, de día y de noche, o soportaría los más graves sufrimientos…
Sugerente imagen la del tonel agujereado que nunca se llena. ¿No? Así nos describe Tolkien a este ser insaciable, nada más que en este caso, los agujeros son cada vez más grandes y, por lo tanto, se requiere cada vez más y más líquido para mantenerlo lleno. Qué vida tortuosa la del que vive así y, sin embargo, muchos son los que caen en este engaño, muchos los que se dejan atraer por la voz de esta sirena que nos susurra dulcemente al oído y que nos conduce a la muerte.
Pero sigamos. Se nos dice al principio que la araña está vacía
Pero ella había renegado de su Amo en el deseo de convertirse en dueña de su propia codicia, apoderándose de todas las cosas para así alimentar su propio vacío
But she had disowned her Master, desiring to be mistress of her own lust, taking all things to herself to feed her emptiness
Pero, ¿de qué vacío se trata? No es sin duda el vacío de los santos: estos se niegan a sí mismos y se empequeñecen para ser colmados por Dios; Ungoliant, por otro lado, se afirma a sí misma y aumenta progresivamente de tamaño a medida que consume todo a su paso; estos están llenos porque están vacíos de sí mismos; Ungoliant, en cambio, está vacía porque está llena de sí misma; estos reflejan la luz (contemplan); Ungoliant la devora (consume); estos mueren a sí mismos y viven; Ungoliant vive para sí misma y muere, como luego veremos.
Hasta aquí el mal en el sentido ético. Pero hay otro ángulo, el ontológico, que me parece mucho más interesante de analizar. Pero primero pensemos un poco qué entiende Tolkien por mal. Tolkien, como ustedes saben, era un ferviente católico, y el catolicismo impregna toda su obra, tal como lo confesó en una de sus cartas. Ahora bien ¿Qué es el mal para la tradición católica? Para esta tradición el mal es la ausencia de un bien debido. Prestemos atención a esta profunda definición. Según ésta, el mal no es algo en sí porque es ausencia, la ausencia es justamente carencia de algo y no presencia, la ausencia denota privación. Pero, ¿ausencia de qué? De un bien debido. Por lo tanto el mal siempre presupone un bien, siempre que hablamos del mal: sea del tipo que sea, estamos presuponiendo un bien. Esto quiere decir que el mal no es una entidad propiamente dicha, una cosa. La ceguera es mala en tanto que es ausencia de vista; la enfermedad en tanto ausencia de salud; la fealdad, en tanto ausencia de belleza; la acción mala en tanto incumplimiento del mandamiento o de la acción debida; y así sucesivamente. El mal no tiene sentido en sí mismo y esto es a lo que se refiere C. S. Lewis, íntimo amigo de Tolkien, en este pasaje de su famoso libro Mero cristianismo:
Mi argumento contra Dios era que el universo parecía tan cruel e injusto. Pero, ¿de dónde había sacado yo esta idea de justo e injusto? Uno no considera torcida una línea, a no ser que tenga alguna noción de una línea recta. ¿Con qué estaba comparando este universo cuando lo llamaba injusto? Si todo el espectáculo era malo y sin sentido de la A a la Z, por así decirlo, ¿por qué yo, que se suponía era parte del espectáculo, me encontraba reaccionando tan violentamente contra él? Las personas se sienten mojadas cuando se caen al agua, porque no son animales acuáticos: un pez no se sentiría mojado. Por supuesto podría haber abandonado mi idea de justicia diciendo que no era sino una noción privada mía. Pero si lo hacía, también colapsaba mi argumento contra Dios, porque tal argumento estaba sujeto a la afirmación de que el mundo era realmente injusto, no simplemente que de alguna manera no me llenaba el gusto. Así, en el mismo acto de tratar de probar que Dios no existía -en otras palabras, que la realidad toda carecía de sentido- me encontraba obligado a asumir que una parte de la realidad -a saber, mi idea de justicia- estaba plena de sentido. En consecuencia, el ateísmo se vuelve algo demasiado simple. Si todo el universo carece de sentido, jamás habríamos descubierto que no tiene sentido; tal como si no hubiera luz en el universo y, así, tampoco ninguna criatura con ojos, nunca habríamos sabido que estaba oscuro. Oscuro sería una palabra sin sentido.
My argument against God was that the universe seemed so cruel and unjust. But how had I got this idea of just and unjust? A man does not call a line crooked unless he has some idea of a straight line. What was I comparing this universe with when I called it unjust? If the whole show was bad and senseless from A to Z, so to speak, why did I, who was supposed to be part of the show, find myself in such violent reaction against it? A man feels wet when he falls into water, because man is not a water animal: a fish would not feel wet. Of course I could have given up my idea of justice by saying it was nothing but a private idea of my own. But if I did that, then my argument against God collapsed too—for the argument depended on saying that the world was really unjust, not simply that it did not happen to please my fancies. Thus in the very act of trying to prove that God did not exist—in other words, that the whole of reality was senseless—I found I was forced to assume that one part of reality—namely my idea of justice—was full of sense. Consequently atheism turns out to be too simple. If the whole universe has no meaning, we should never have found out that it has no meaning: just as, if there were no light in the universe and therefore no creatures with eyes, we should never know it was dark. Dark would be a word without meaning.
En un mundo completamente injusto, la injusticia no tendría sentido, no tendríamos noción de ella, porque hablamos de injusticia en tanto ausencia de justicia, por lo tanto la injusticia presupone un bien: la justicia.
Otra propiedad del mal es que siempre tiene un bien como sujeto. Esto quiere decir que el mal no existe en estado puro, siempre que haya un mal, hay un bien subyacente. La ceguera y la enfermedad, por ejemplo, están en el animal o persona que las padece. El que obra mal, obra mal en tanto que tiene voluntad. En este último caso se puede observar también que el mal siempre tiene como causa un bien, o sea, no puede hacer nada por sí mismo.
Pero volvamos a nuestra espeluznante criatura. ¿Qué nos dice del mal en el sentido ontológico? Yo creo que Tolkien nos quiere mostrar a través de ella la imposibilidad de un mal absoluto. Él, como católico, sabe perfectamente que dicho mal no puede existir, pero, sirviéndose del mito, crea esta cosa que en apariencia parece ser en algunas partes el mal por esencia y en otras, no. Es un personaje misterioso y ambiguo. En primer lugar se nos narra que se desconoce su origen. El texto dice así:
Los Eldar3 no sabían de dónde venía ella (Ungoliant); pero han dicho algunos que hace ya muchas edades descendió desde la oscuridad [...], cuando Melkor miró por primera vez con envidia el reino de Manwë4, y que en el principio ella fue uno de aquellos que él corrompió para que lo sirvieran.
The Eldar knew not whence she came; but some have said that in ages long before she descended from the darkness [...], when Melkor first looked down in envy upon the kingdom of Manwë, and that in the beginning she was one of those that he corrupted to his service.
Parecería ser que no fue creada por Eru5 sino que salió de la mismísima oscuridad (símbolo del mal por ser ausencia de luz), pero luego se nos dice que fue corrompida por Melkor: ahora bien, si fue corrompida quiere decir que era buena antes de ser corrompida y, por lo tanto, creada por Eru.
Por otro lado, luego de arrasar Valinor y oscurecerlo. Se nos dice de esta oscuridad:
...pero la Oscuridad que sobrevino no fue tan sólo pérdida de luz. [...] Una Oscuridad que no parecía una ausencia, sino una cosa con sustancia.
...but the Darkness that followed was more than loss of light. [...] Darkness that seemed not lack but a thing with being of its own.
Está claro que Tolkien sabe perfectamente que un mal puro no puede existir, y por eso no dice que esta oscuridad no era ausencia, sino que parecía que no era ausencia. Pero juega con esta ambigüedad conscientemente porque estamos en el terreno de la hipótesis y no en el de la realidad.
¿Qué pasaría si existiera un mal puro? Respondamos primero filosóficamente a esta hipótesis. Santo Tomás, en su Suma teológica, libro I, cuestión 49, artículo tercero, nos dice:
Si el mal fuera completo, se destruiría a sí mismo, pues una vez destruido todo bien, se suprimiría también el mismo mal, pues su sujeto es el bien.
Veamos, ahora, cómo termina sus días nuestro goloso amigo:
Ningún libro cuenta qué fue de Ungoliant. Sin embargo, han dicho algunos que el fin le llegó hace ya mucho tiempo, cuando acuciada por el hambre, terminó por devorarse a sí misma.
Of the fate of Ungoliant no tale tells. Yet some have said that she ended long ago, when in her uttermost famine she devoured herself at last.
¿Coincidencia? No lo creo. Este sería el fin de un supuesto mal absoluto. Tolkien, amante y defensor del mito como narración que transmite verdades profundas y perennes sobre Dios, el hombre y el mundo nos transmite esta verdad por medio de este mito, de este personaje imposible. También del fin de su vida no se sabe nada a ciencia cierta, porque no se puede hablar con certeza de algo que por su misma naturaleza no puede ser.
El mal es un cáncer del bien y, como todo cáncer, una vez que el cuerpo vivo del que se alimenta muere, muere también con él. Es como Ungoliant que:
...tenía hambre de luz y a la vez la odiaba
...she hungered for light and hated it.
Cómo algo así puede prevalecer…
A lo largo de este pequeño ensayo hemos explorado el concepto del mal desde la literatura y la filosofía. Hemos descubierto que la felicidad no está en la satisfacción irrefrenada de nuestras pasiones. Hemos aprendido que el mal no tiene sentido en sí mismo, sino que como su propia definición lo indica es la ausencia de un bien debido. Hoy más que nunca debemos recuperar esta noción en nuestra sociedad tan polarizada, donde aquel que se encuentra en el otro polo se transforma en una especie de encarnación del mal que debe ser destruida; hoy más que nunca debemos tener esperanza y recordar que el mal, aunque a veces parezca que predomina, no tiene la última palabra, sino que la tiene Dios, el Bien por esencia que ha vencido a la muerte con la muerte y resurrección de su Hijo Jesucristo y que vendrá al fin de los tiempos a juzgar a vivos y a muertos y a establecer su Reino que no tendrá fin.
Notas
